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febrero 16, 2019

Día 2 - Schönbrunn, Belvedere, Hundertwasserhaus y café Central

Nos despertamos temprano y bastante cansados aún por el viaje que nos metimos ayer nada más salir de trabajar, pero tenemos muchas ganas de empezar a conocer Viena puesto que tampoco nos sobra el tiempo en la ciudad.
Antes de nada compramos el bono de 48 horas, que si bien tampoco vamos a explotar de una manera continuada, como Viena es una ciudad muy grande, es muy útil y sale a cuenta ya solo para moveros de manera rápida en los diferentes transportes de la ciudad.

Nos encaminamos hacia el palacio de Schönbrunn cogiendo la línea de metro U4.





Este palacio era empleado en el verano la familia real del imperio Austrohúngaro.  Por dentro hay muchas dependencias con los muebles originales que ellos usaban, sus camas, etc y la verdad es que te das cuenta  de la enorme riqueza que poseía  la familia.

Os recomiendo que si vais a ir otro día (como haremos nosotros) al palacio Hofburg, compréis el Sisi ticket. Puesto que con esa entrada podréis entrar tanto al palacio de Schönbrunn, como a las diferentes colecciones que hay en el palacio Hofburg.

Una vez acabado todo el paseo, vamos a comer algo por el camino y hacemos el primer descubrimiento interesante para no comer muy caro en Centroeuropa: el Vapiano.



Es una cadena de restaurantes de comida italiana, donde al entrar te van a dar una tarjeta. 

Con esa tarjeta te acercas al mostrador correspondiente y les pides lo que te apetezca: pizza, ensalada, pasta, que ellos se encargan de hacerte en ese momento (tú los ves cocinarla).
Después simplemente al salir te pasan la tarjeta y pagas todas las consumiciones que hayas realizado.

Ya con fuerzas, nos dirigimos al palacio Belvedere, a conocer el cuadro mundialmente famoso de Klimt: El beso.

Compramos solo la entrada para el Upper Belvedere que es donde se encuentra el cuadro y la verdad disfrutamos igualmente del resto de la colección, que nos parece muy bonita.




Como comprenderéis a estas alturas estamos todavía bastante cansados, pero nada nos quita de darnos un poco de prisa para conocer el Hundertwasserhaus.

El Hundertwasserhaus es un conjunto de casas muy original arquitectónicamente, donde no se puede entrar, pero solo rodearlas y hacerlas una foto merece la pena. Creo que una imagen vale más que mil palabras.



Nos sentamos en el parque Stadpark, tomando unas bebidas que hemos comprado en el Spar, para descansar un poco, donde se encuentran algunas estatuas de compositores famosos.

Por último nos dirigimos al Café Central a tomar la tarta más famosa de Viena: la tarta Sacher.

Esta tarta de chocolate rellena de mermelada de albaricoque hará las delicias de cualquiera que vaya y más si te la tomas en uno de los cafés de época que hay en Viena.

En nuestro caso fuimos al Central y había muy poca gente, con lo que logramos entrar rápido y hacer unas cuantas fotos. Eso sí, estos cafés no son nada baratos, pero creemos que vale la pena la experiencia.




Después nos dimos un paseo por el centro de Viena donde ya vimos iluminada la catedral de San Esteban y el palacio Hofburg y nos quedamos maravillados de lo bonita que es la ciudad de noche.



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