Me levanto de nuevo bastante temprano y me dirijo a la estación de trenes a coger el tren a Nara.
A esta hora el tren bala no funciona, por lo que cojo otro tren que tarda 77 minutos, lo cuál no es un problema, porque es bastante pronto y tenemos tiempo de sobra. Lo bueno de tener el JR Pass como ya comenté, es la facilidad para poder coger un tren u otro, a tu gusto y sobre la marcha.
Una vez llego a Nara me dedico a vagabundear puesto que no han abierto aún el templo Kofukuji, por lo que empiezo a juguetear con los ciervos, comprando galletas que te venden en puestos a lo largo del parque.
La verdad es que el entorno de Nara es algo precioso, diferente de cualquier sitio en el que hayas estado, debido a la presencia de templos a tu alrededor, junto con ciervos en libertad, que se te acercan para que les des de comer. Como lleves una de las galletas que les gustan, te las huelen hasta dentro del abrigo y te seguirán, pero tranquilo, no son peligrosos.
Impresiona, además, ver el respeto que hay hacia los ciervos, puesto que aunque ellos crucen por en medio de la carretera para ir de un lado a otro del parque, todos los coches paran y esperan el tiempo que haga falta a que pase el ciervo (sin bocinazos, ni malas maneras).
A esta hora el tren bala no funciona, por lo que cojo otro tren que tarda 77 minutos, lo cuál no es un problema, porque es bastante pronto y tenemos tiempo de sobra. Lo bueno de tener el JR Pass como ya comenté, es la facilidad para poder coger un tren u otro, a tu gusto y sobre la marcha.
Una vez llego a Nara me dedico a vagabundear puesto que no han abierto aún el templo Kofukuji, por lo que empiezo a juguetear con los ciervos, comprando galletas que te venden en puestos a lo largo del parque.
La verdad es que el entorno de Nara es algo precioso, diferente de cualquier sitio en el que hayas estado, debido a la presencia de templos a tu alrededor, junto con ciervos en libertad, que se te acercan para que les des de comer. Como lleves una de las galletas que les gustan, te las huelen hasta dentro del abrigo y te seguirán, pero tranquilo, no son peligrosos.
Impresiona, además, ver el respeto que hay hacia los ciervos, puesto que aunque ellos crucen por en medio de la carretera para ir de un lado a otro del parque, todos los coches paran y esperan el tiempo que haga falta a que pase el ciervo (sin bocinazos, ni malas maneras).







